Pulseras
Es la joya que vemos moverse. Se desliza en la muñeca al escribir, reaparece bajo una manga, tintinea contra la mesa. Un collar se intuye, una pulsera se hace notar.
Un nombre para una misma. Dos para una pareja. Tres para los hijos, cada uno en su placa. Y una talla de bebé de 11 cm, para llevar la misma pulsera con dos generaciones de diferencia.
Grabadas en hueco o recortadas de una sola pieza, para llevar solas o superpuestas. El grabado no se borra con el roce: es metal ahuecado, no una impresión superpuesta.