Anillos
Un anillo se ve todo el día. No en un espejo: en la propia mano, al sujetar un volante, al ofrecer una copa, al firmar un papel. Es la única joya que uno mira más a menudo de lo que los demás la miran.
Así que es mejor ponerle algo que importe. El nombre de un hijo. Dos iniciales que nadie más sabe leer. Una fecha que no se quiere dejar escapar.
Cada anillo se graba después de su pedido, nunca antes, y llega en su estuche. Lo que está escrito en él es solo asunto suyo.